Adventure off-road

El concepto que nos mueve, bienvenidos barro, frío y lluvia, acabó el verano ¡volvemos al trail!

Ese podría ser el subtítulo de VidaEnMoto, si no vives en paraísos tropicales, tu adventure off-road será disfrutar del invierno, hincharte a lluvia y rebozarte en el barro. Terminó el peligro de incendio y las restricciones globales al pisteo, es el momento de disfrutar del invierno!

Moto en campo por la noche con foco deslumbrante

Intro

Hace años, justo antes de la pandemia, tuve la oportunidad de trabajar como guía de off-road para grupos de turistas italianos. Se trataba de llevar a la gente a través de pistas sencillas recorriendo la zona centro del país y parando en Paradores (valga la redundancia) y lugares de cierto lujo, con spas, grandes comidas, etc. Guía vacacional pero en moto de campo, un trabajo duro (casi como en una mina de coltán) y sobre todo muy diferente de mi actual, pero que realmente me habría encantado.

Al final y debido justo al dichoso virus, la oportunidad se fue como vino y vuelvo al lado más disfrutón de ese tipo de atracciones: centrarse en gozar la experiencia, el entorno y el tiempo invertido.

Moto en el monte lleno de colores otoñales
El campo está boyante

El invierno

Ha llegado la temporada de invierno. MotoGP terminó y los circuiteros están de capa caída hasta que deje de haber heladas y vuelvan a abrir los circuitos. Lo mismo con los quemaos, que tendrán estertores de felicidad esos findes soleados de invierno tan bonitos que tenemos en el país: al sol aún se aprovechan las terrazas, el asfalto agarra un poquito mejor y el optimismo vuelve. A la sombra sigue apretando el frío hasta que todo se lo traga la noche y despiertas del sueño de un buen día de moto.

Moto en paisaje en parte quemado por incendios
Monte quemado en contraste con el verde

Sólo quedan dos tipos de aficionados que aún disfrutan a estas alturas, el verdadero mototurista, que se pela de frío y se moja durante todo el año recorriendo de un lado a otro y disfrutando el máximo tiempo posible. Y sí, por fin, el trailero máximo: una suerte de turismo dentro y fuera de pistas, el que distruta en tierra igual (o normalmente más) que en asfalto. El riesgo de incendio es mínimo, menos contaminación y más lluvias, menos turistas en el campo: yo voy sacando ya la moto que luego todo son prisas…

Por feo que amanezca, al cabo de media hora se me ha olvidado el frío. La exigencia de las pistas locales, el barro, las grietas y las pendientes en ambos sentidos no dejan que me acomode demasiado en el asiento. Es más, no dejo de parar cada dos minutos impresionado por la belleza y los colores del monte: disfrutando de la moto y del trail encima y al lado de la moto, qué te parece.

Moto posando en camino en el monte lleno de colores otoñales
Época de lluvias y setas, espectacular

Toma de contacto

La idea era retomar lo que dejé antes del verano y tomar contacto con mis neumáticos nuevos. Con las distintas crisis y lo que cada uno se inventa, resulta que hay problemas y gordos para encontrar neumáticos ¡incluso para los modelos más habituales! Así que tocó probar unos nuevos que me parecieron realmente de enduro. Ahí me tienes a mí, un tipo más clásico de Mitas que me aguanten el asfalto que un probador de gomas puntiagudas que salen volando a cien por hora. ¿Resultado? el poco tiempo que estuve la moto se clavaba al suelo dejando un tatuaje profundo imposible de disimular sobre suelo mojado. Un gusto subiendo sin derrapes y mucha seguridad en pistas. Lo contrario en curvas ratoneras asfaltadas como es normal y totalmente neutro en rectas de carreteras nacionales ¡veremos cuánto duran!

Moto parada en camino de subida en barro
Subiendo estos tacos se clavan bien el barro

En una salida de poco más de dos horas, pasé miedo por una subida, rulé por los montes que ardieron (aquí sí, “literalmente”) este verano en contraste con el verde del intacto. Me perdí por las pistas que, según el mapa, me ayudarían a acortar (se me acababa el ‘permiso’ matinal) y alcanzar la carretera que me llevaba a casa. En su lugar alcancé una pista semi desaparecida y un desfiladero que decía ser el camino.

Hasta en dos ocasiones tuve que dar la vuelta en lugares impracticables de barro porque los dos kilómetros rectos del mapa eran en realidad una pendiente muy empinada, atravesar un riachuelo y una subida de esas acojonantes en tres o cuatro zetas. Y fue de esos cambios de sentido de tumbar la moto sobre uno mismo y pivotar sobre la pata de cabra porque la otra opción era tirarla al suelo y arrastrarla hasta cambiarle el sentido. En fin, todo eso en dos horas y por no querer arriesgar, que ya se sabe que yendo solo hay que ser conservador.

Vista desde arriba en montaña con moto a un lado
Por la izquierda discurre la “pista”, si quieres llamarla así…

Estas pequeñas salidas son el aire que me llena los pulmones mientras consiguen alinearse los astros para un viaje decente. El previsto para noviembre (tres días de trail por Cuenca) se vino abajo y el amago de Marruecos no consiguió florecer por problemas en las fechas. Así que poco a poco, programa tus salidas y disfruta de este jodido frío, el mejor tiempo en moto de campo.

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