Marruecos Nov 2023 – 2 de 3

Continuamos relato. Seguimos camino tras la primera etapa, avanzando hacia el sur.

Moto con móvil gps enganchado con bridas. Otra moto al lado y en un desierto de piedras.
  • De Merzouga al norte*
  • Kerrandou – Guercif*
  • Guercif – Nador*

* En artículos sucesivos

Morocco tested

Ese era el sello que le daban los compis a los componentes de la moto o equipación que habían pasado alguna vez la prueba de la “excursión” a Marruecos. Y te aseguro que no es un sello que se ponga a la ligera. Por el camino perdí un cubre puños (de los que va al extremo del manillar), un retrovisor, un porta móviles y las alforjas tuvieron que ser cosidas in situ por una señora costurera.

El cruzado mágico de Playtex me lo hizo Emilio tras un hostión. Las bridas “aseguraban” lo que las cinchas de tela descosidas ya no hacían.

Además, al llegar a casa vi que el guardabarros perdió dos de los cuatro tornillos y el “panel de control”, entiéndase, todo lo que va al manillar, hubo de revisarse y reapretarse a diario. Fundamental tomarlo como costumbre en los viajes antes o después del desayuno: reapriete de todo lo que sabes que podría aflojarse.

El porta móvil: no juegues con lo esencial. Para salidas domingueras el porta móvil Quad Lock falso de Aliexpress me aguantó todo lo que le dí. Pero lo que falló en Marruecos fue el pegamento de la pieza que va al móvil: se despegó. Ahí quedaba a merced del pegamento chungo mi móvil que era mi GPS. Hoy ya veo que hay carcasas que traen el enganche, sería otra opción pero es otra compra más y a ver si encuentro una de la versión exacta. Ojo, si no llego a llevar repuesto de porta móvil habría sido un problema gordo (no esencial, pero tener que parar para mirar el “mapa” cada vez es un auténtico drama).

En cuanto a GPS pro o móvil ruguerizado ahí sí que sigue siendo al gusto. El pro funciona perfectamente, pero para tener una pantalla de un tamaño digno, olvidándonos de los clásicos Etrex e incluso Oregon (ambos de Garmin) y poder ver algo en marcha sin dedicarle más de cinco segundos a apartar la vista del camino hay que dejarse un buen dinero. Algo tipo Garmin Montana, efectivo, grande y resistente al polvo, agua y vibración. Por supuesto con su carcasa original que aguante vibraciones y golpes.

Mi Blackview de cien euros hace todo eso. Se ha llevado caídas, barro y agua y sigue en perfecto estado, lo que no estuvo a la altura es su sujeción. Afortunadamente como no me fiaba del Quad Lock chino porque era una compra muy reciente, llevaba conmigo también un Ram Mount de los buenos, que en su día me dejé la pasta y se nota. El pack aguantó perfectamente el resto del viaje sin una sola queja. Una de las frases más acertadas del viaje “El dinero del pobre va dos veces a la tienda”.

Moto en un camino en un desierto de piedras.

Piedras hacia Erfoud

Ese podría ser el título de cualquier relato sobre Marruecos, pero en este caso se refiere a la segunda etapa. Ya sin más prisa que cumplir la ruta (de A a B, más o menos), teníamos unos pocos cientos de kilómetros hasta la siguiente noche en Erfoud. Es “una ciudad situada en un oasis del desierto del Sáhara”, bastante grande, con mucho comercio y mucho taller, al estar relativamente cerca de Merzouga y de zonas de recreo adulto (hablo de dunas y zona de rallyes, no putiferio, malpensado).

También fue una etapa larga en cuanto a la vibración constante de la dirección. Y no por la moto sino porque el terreno era de una infinidad de piedras encastradas en el suelo del que cada diez segundos emergía una más grande, con el consiguiente llantazo y giro del manillar. Eso a unos 50/70 km/h puede resultar en una hostia bien gorda y eso en mitad de la nada es más grave de lo normal. Para que te hagas una idea, corresponde a la última foto del artículo anterior y la segunda de las siguientes:

Dando rodeos de kilómetros navegando a rumbo porque los grandes latifundistas (según nos contaba el amiguete Emilio), estaban comprando grandes extensiones de terreno no sabemos muy bien por qué. Había plantaciones de piñas, pero eso no parece una inversión tan exitosa. Y no, las plantaciones de hachís están al norte, en el Rift, no en el desierto del Sáhara.

En esas que veo colgando mi protector de puño derecho. Paro y pito y suerte que los compis estaban muy cerca, porque ni una vez los motores y los escapes dejaron escuchar mi claxon de ayuda. Esa vez sí, paramos un momento y vi que había perdido el tornillo que va al tubo del manillar, el protector iba colgando de la parte central. Lo quité y lo guardé porque lo único que iba a hacer era perderlo.

Además me di cuenta de que el adhesivo del Quad-Lock falso se despega con el calor y estuve a punto de perder el móvil. Afortunadamente no había depositado en él toda mi fe y llevaba uno de esos original de Ram Mount en equis que sujetan con dos cojones. De ahí no se sale.

Eran las 13h y estábamos a unos 25 o 30 kilómetros de Erfoud. Parada táctica ante un cartel de madera “Café du Sahara”. El momento exacto de la foto del inicio del artículo. Veníamos de una buena tirada de vibraciones, llegamos pronto, qué hacemos, si paramos a comer ya se acaba el día de moto. Podemos tirar y luego dar un rodeo o comer y ya quedarnos a hacer turismo. Bueno, ya veremos, tiramos. Y a esto que salen despendolaos como si hubieran visto a una pareja de Civiles. Salgo detrás y frush! derrapa la rueda de delante ¡huy! la salvo y sigo, frush! otra vez, ojo que estas las carga el diablo y lo mismo a la tercera me voy al suelo, si ya no queda nada! Así que, tras intentar la llamada del claxon (infructuosa) decido parar y me encuentro un estupendo pinchazo.

Muy bien, qué hago, en la bici estoy harto de cambiar cámaras pero en la moto es la primera vez y estoy en el culo del mundo. No se ve a nadie y nada que no sean piedras. Espero un rato a ver si se dan cuenta de que no estoy. Nada. Venga, es mi oportunidad de ser autónomo, tumbo la moto para intentar destalonar sin quitar la rueda, saco los desmontables, me pongo y: el desmontable se empieza a curvar como si fuera de chicle, no me jodas.

Pues nada ¿qué opciones tengo? afortunadamente es poco más de mediodía, la noche está lejos y no hay mucho que pueda hacer; aprovechando que llevo Mitas me subo a la moto y tiro. ¿Qué son 25 kilómetros en primera/segunda? pues más de lo que pensaba.

Tras media hora sin ver un alma y cuando menos me lo espero aparece una señora bajando de entre las piedras, se para al pie del camino. ¿Qué tal? ¿un té? ¿café? y yo encantado y flipando, no, no, muchas gracias. Si es que mira, he pinchado y tengo que llegar a Erfoud a ver si me arreglan. Y ella “dépannage?” (avería o grúa) ahí sí que me quedé picuet. Me dió una tranquilidad enorme saber que si fuera algo más grave yo le digo a esta señora que “dépannage” y me siento a esperar un coche, camión o lo que sea que me va a solucionar los problemas. Por éso siempre hay que llevar efectivo en Marruecos (en zona rural). Por poco dinero (podrían pedir lo que quisieran) te pueden salvar de marrones muy gordos.

Así que nada, continué, me crucé ya con tres 4×4 seguidos, unos camellos y ya mucho más tarde y en una enorme explanada…a mis compis, ole!

Aaron me echó una buena mano, echó buenos sudores pero no hubo forma de destalonar esa Mitas, quizá porque estaba recalentada pero se deshacía y no abría. Finalmente optamos por terminar el camino andando. La carretera estaba a cinco minutos y la ciudad a quince, así que ya tiramos.

Allí paramos en el primer taller y encontramos a Abdul, del Maison de nomade. Nos ayudó con el idioma y nos dio la confianza que necesitábamos. Nos invitó a unos tés y echamos un buen rato de charla. Es casi casi el alcalde de Erfoud, un crack, el señor Lobo de la zona. Si necesitas algo ya sabes dónde está. Yo me siento en deuda con él por algo que verás más adelante en el relato.

Ese día ya a buscar un hotel: sólo hay dos habitaciones disponibles, ambas triples. Yo me sentía en deuda por lo ocurrido pero lo echaron a suertes y me salió dormir solo. Pues nada, pedazo de habitación gigante y estupenda con ventanal y todo. Tarde noche de paseo, cena y piltra. La ciudad mola, tiene una plaza grande con comercio y mucho ambiente.

El día de la hostia

No te confundas, no es que fuese un día fenomenal 🙂

Continúa la semana que viene en el último capítulo “Marruecos Nov 2023 – 3 de 3”.

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