2ª parte Montañas Vacías: Teruel

Cuatro días de trail puro entre Cuenca, Teruel y Valencia: carreteras ratoneras, cortafuegos, trialeras y alguna avería. ¿Te vienes?

Si te perdiste los dos primeros días, te recomiendo que los leas antes de seguir. Si ya los leíste, adelante!

Moto Honda Dominator y piloto al pie de un cortafuegos en Teruel
Un cortafuegos es el mejor café para despertarse!

Día 3: 227 km

Amaneció en Teruel como anocheció, frío, frío como su fama. Gasolinera con charla sobre cuán desconocida es la TTR y un pelín de carretera hasta llegar a donde dejamos la pista de ayer.

Pronto fuimos entrando en calor con las pistas anchas y domingueras hasta que sin previo aviso entramos en un cortafuegos recién hecho. Muy nuevo, muy blandito, tierra arada levantada que atascó la KTM, la más pesada y con menos taco (o sin él), y nos obligó a despertar un poco. Francesco se quitó las legañas, dio la vuelta y tiró para arriba esta vez sin problemas.

Moto Yamaha TTR aparcada en plaza pueblo en Cabra de Mora
En la plaza de Cabra de Mora, Teruel

De ahí montaña arriba con caminos de cantos enormes y botes más grandes. Esos son los caminos que para mí hacen la diferencia entre llevar motos ligeras y maxi trails. Con estas últimas atravesar tramos de piedras grandotas es penar y sufrir por la moto. En las nuestras “cómodo” no es, pero atraviesas el tramo y sigues para adelante sin problema, tus manos son la herramienta.

Más adelante campos de molinos de viento – aerogeneradores – pistas fáciles y pasada por Formiche Bajo y Alto hasta que llegamos a comer (y muy bien) a Cabra de Mora.

Ahí Sergio se echó su charla con la cocinera/camarera del lugar. Venida de Valencia se instaló allí con su familia y levantó el mejor restaurante del día a día de la zona. Casero, sin lujos y perfecto para nosotros. En la despedida otros comensales ya nos dijeron que los paisajes que nos esperaban eran de aúpa, dirección a la estación de esquí de Valdelinares. Como imaginarás carreteras y paisajes de los buenos, disfrute de zona.

Dos pilotos inclinando una moto Honda Dominator en cuneta en Teruel
Volcando la Domi como si fuera un vasito

Justo eligió esa zona el mismo Sergio para vaciar el sobrante de aceite que tenía la Dominator. Ojo, va un poco quemada en alguna parte: gastó 3 litros de aceite en 1.000 kilómetros. Llevó dos de casa y tuvo que comprar otro, casi como yo gasolina.

La cuestión es que hacía raros y decidió que quizá la había llenado de más, así que boca abajo y a seguir camino.

La ruta se dividió en dos cuando llegamos a la gasolinera de La Puebla de Valverde. El día había sido fantástico y para mí se iba a torcer un poco más tarde.

Tres motos en medio de un camino y dos pilotos
Oh, oh…. clavo en la rueda

Allí tuvimos una pérdida de track, parecía entrar en un camino forestal prohibido. Parriba, pabajo hasta que nos pararon un par de lugareños. “Por aquí no venía ni Dios. Y de un tiempo a esta parte no paran de pasar motos por aquí. Que sepas si os metéis por ese camino os multan“. Vaya por dónde, maldito Wikiloc o lo que sea que ahora todo el mundo conoce esta ruta!

En fin, unas vueltas más y tomamos el camino correcto. Correcto, correcto, sol de frente y una masa de polvo densísima que nos obligó a separarnos bastante. Me quedé el último hasta que me encontré a Francesco con la KTM y un clavo larguísimo ¡no sabíamos cuánto!

Piloto arreglando pinchazo en rueda trasera a moto KTM 790
Churrillo y a correr

Pinchazo

En principio sin problema, una llamada a Sergio que andaba el primero por ahí dándole duro. Afortunadamente lleva intercomunicadores para coger la llamada, si no le pillamos en Gulpiyuri, deberíamos llevar los tres porsiaca!

Sacamos los churritos, el compresor y al lío. El pinchazo quedó solventado…de momento. Nos apañó el día, pero te adelanto que a la mañana siguiente había perdido mucho aire. Relleno y horas más tarde casi un kilo. En casa volvió a reparar con nuevo churro y nada, así que cuando llevó la moto a Secomoto resultó que el clavo había atravesado el neumático de lado a lado y había salido por un radio. No pudieron ni arreglarlo en el momento, un drama, oiga.

Pinchazo reparado y vamos saliendo poco a poco para evitar mascar más polvo. Por etapas pero deprisa, la tarde cae, la noche viene y el frío acecha.

Dos motos Yamaha TTR y KTM 790 parada de espaldas en un camino en Teruel
“Aventura” es mi apellido 😀

Unas cuantas fotos naranjas de un atardecer acojonante y, poco más tarde nos vemos de camino a la cumbre de Javalambre. Sí, donde Estrella de Javalambre, la concentración invernal de nuestro Stella Alpina nacional.

Pues allí paramos un diez minutos, tiempo de dos cigarros y un reestructuración de vestimenta que iba a valer su peso en oro. Se me fueron los chavales un par de minutos por delante y ahí las pasé más putas que Caín: como dije en el primer día mi iluminación (la de la TTR, vaya) es entre muy deficiente y francamente lamentable. Recorrer el paisaje lunar de Javalambre, Teruel, hasta un lugar llamado Torrebaja, Valencia, fue la parte más jodida del viaje.

Moto KTM 790 y piloto de frente al atardecer en campo en Teruel
Naranja sobre naranja

Trail nocturno: el drama

Son las 19:30h en octubre, imagina el sol cayendo de frente deslumbrando la vista y cegánte al 90% las piedras del camino. Diez minutos más tarde ya no era un problema el sol, lo era la obscuridad más absoluta y un faro en el que cortas o largas alumbraban una mierda.

Por fin alcancé a Francesco, no veas la alegría que me dio. Estaba esperándome y pude ir a rebufo mirando sus faros, lo que alumbraba el de delante, dónde estaba el de atrás y cuánto se movían moto y piloto para imaginar la magnitud de los baches. Me daba igual que a los lados hubiera un desierto o un acantilado, no veía nada, tenía que ir muy concentrado. Pues así una hora y tres cuartos.

Imagina que vas mirando el GPS y cuando parece que vas a unirte a una bendita carretera resulta que es otra pista. Y así tres o cuatro veces. De día es un planazo, de noche es una putada, que te la juegas a cada metro y no ves dónde hay civilización, ni un triste pueblo.

Tres motos con alforjas y bultos, en la cima del pico de Javalambre, con el sol de atardecer al fondo
El Pico de Javalambre, 2020 metros

Imagina que paras en dos o tres ocasiones para descubrir qué hay alrededor de tu situación GPS… y no ves nada. Pero nada es que no ves ni camino y sólo queda seguir la pista por la que vas, con cuidado a ver dónde apareces. Es noche cerrada y hace frío, pero hay que seguir.

A una muy mala me daba tranquilidad ir cargado con tiendas y sacos, podríamos hacer noche en cualquier parte. Instalarte en la oscuridad y levantarte sin saber dónde y ya mañana veríamos.

En cierto momento encontramos una señal en un poste de madera que indicaba Torrebaja (civilización, yuhuuu!). Gúgel decía por un sitio y el mapa otro. Seguimos a Gúgel porque la señal también indicaba a la derecha. Un buen tramo de polvo, baches y curvas (donde casi nos hostiamos varios) y llegamos al desvío de Torrebaja, son casi las nueve.

Habíamos cogido una noche en el tal Torrebaja, pero resultó que no, que la cosa no había terminado. No era allí a diez minutos sino en un lugar llamado Aras de los Olmos, donde se juntan Aragón, Valencia y Castilla la Mancha. Un lugar a 45 minutos por carretera con un frío del copón y agotados, mental y fisicamente. La carretera era de curvas muy divertida, pero lo fue más al día siguiente por aquello de ver algo porque seguía sin haber luces y yo seguía sin ver nada.

Como no llegábamos a por la llave fuimos volando y a sabiendas de que no íbamos a encontrar cena en el pueblo, Francesco paró a hacer de Deliveroo en Santa Cruz de Moya, un pueblo de camino. Como Vodafone no le daba cobertura y no podía llegar al hotel, tiró de la wifi del hogar del jubilado para descargarse el mapa hasta el hostal, unas risas debió pasarse 😀

Tres motos de frente en medio de la noche con dos pilotos
227 km de campo, agotados, y lo que queda!

Día 4

Amanecimos en una cabaña rural de lo más mona. Checkeo de motos y disgustos. La rueda de la KTM estaba perdiendo y mucho, pero la Dominator no iba a hacer el camino de vuelta. No sabemos si porque le había entrado aceite al filtro del aire, si son los segmentos que parece que están muy mal, la carburación – tú carbura, tío – o qué, pero la aguja saltaba manteniendo el gas constante. En campo se notaría menos pero hoy tocaba vuelta a casa y en carretera aquello iba a ser inconducible. Grúa y para casa.

Pero antes desayuno sin prisas, comentarios de lugareños a turistas “¿y para qué quieres un galgo, si ya no hay liebres?” y a esperar a la grúa mientras descubrimos que dormimos a pocos metros de la escuela Enduro Park Aras Rural, probablemente la primera escuela de trail de la que oí hablar.

Nosotros hicimos mucha carretera, de la buena y de la mala. Mucho curveo ratonero, gasolineras escondidas y algunas rectas interminables. Comida en Cuenca y autopista, atrás quedaban las sensaciones de campo, de trail y aventura de la buena. Y a pensar en la siguiente…

Moto con alforjas y bultos vista desde atrás, cabaña al fondo
Amanecimos en Aras de los Olmos, Valencia

Tienes más fotos de todo el camino en nuestra cuenta de IG.

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